Chris Stapleton, ilustre exponente de la evolución del country durante la última década, es un artista completo como compositor, guitarrista y dotado de un profundo timbre vocal que ha recibido todos los elogios para demostrar que, lejos de estancarse, el tradicional género norteamericano goza de buena salud cumplido un cuarto del siglo XXI.
Este rubio nativo de Kentucky de larga melena, luengas barbas y embutido en un sombrero vaquero adornado con piel de serpiente, plumas de pájaros y una gran piedra turquesa abandera a las fecundas nuevas generaciones de intérpretes camperos.
Christopher Alvin Stapleton, que en la Secundaria jugó al fútbol americano, se trasladó en 1996 a Nashville para estudiar Ingeniería en la Universidad Vanderbilt, pero imposible abstraerse en la capital del country cuando su verdadera pasión era la música.
Primero sobresalió como autor para la editora Sea Gayle Music con canciones que fueron éxito de George Strait, Luke Bryan, Darius Rucker (Hootie & The Blowfish) o Adele, se integró en la banda de bluegrass SteelDrivers y después afloraron sus influencias de R&R y rock sureño con Jompson Brothers.
Whisky y otros espirituosos
El impulso decisivo llegó en 2015 cuando de la mano del reputado productor Dave Cobb y junto a su inseparable esposa Morgane grabó el primer álbum en solitario, Traveller, del que llovieron alabanzas y ahora exploramos.
Gozosa experiencia empaparse de Tennessee Whiskey, versión del tándem Dean Dillon/Linda Hargrove que en los 80 popularizaron David Allan Coe y George Jones. Exhibe su maestría para que el tema fluya con una combustión tan lenta como intensa, empezando por la base de J.T. Cure (bajo) y Derek Mixon (batería), siguiendo con las guitarras de Cobb y el propio Stapleton que puntea con clase regalando un recital de excelente tenor con mesurados graves y agudos increíbles, coreados por Morgane.
“Eres tan delicada como el whisky de Tennessee, tan dulce como el vino de fresas, tan cálida como una copa de brandy. Cariño, tu amor me tiene colocado todo el tiempo”, desconozco una declaración etílica más conmovedora.
En la ceremonia de los premios de la música country la interpretó en un memorable dueto con Justin Timberlake y cuyo vídeo reproducimos al final de esta reseña.
La frecuente referencia a bebidas espirituosos continúa con Was It 26, que primero grabaron la Charlie Daniels Band, “Era un bala perdida, nada me ataba salvo tocar la guitarra en la terraza y vaciar cada botella” canta Stapleton entre acústicas, la steel de Robby Turner y la cadenciosa armónica de Mickey Raphael.
Y a vueltas con la bebida destilada prosigue en Whiskey And You, “la botella está vacía y me sentiré fatal al despertarme, esa es la diferencia entre el whisky y tú” casi recita nasal entre arpegios con Cobb para expresar su sentimiento de culpa. “Bebo porque estoy solo y estoy solo porque bebo”.
Viajero
La itinerante canción que da nombre al álbum, Traveller, la compuso mientras cruzaba Nuevo México con Morgane de vuelta a Nashville. Estupendo midtempo que arranca con la evocadora steel de Turner, las teclas de Mike Webb, la guitarras de Cobb y Stapleton que se declara un viajero en este mundo, aunque no sabe a donde va.
Nobody To Blame supone un buen ejemplo de que la tradicional música de las praderas puede maridar en perfecta simbiosis con el blues. Duelo entre la steel de Turner y la armónica de Raphael, la vivaracha batería de Mixon, punteos doblados y el vozarrón de nuestro protagonista quien no culpa a nadie salvo a él mismo.
Ese mismo ‘feeling’ blues inunda The Devil Named Music, nuevo alarde gutural de Stapleton que entre sus mayores influencias ha citado a Ray Charles y Otis Redding, al igual que el talento de Stevie Ray Vaughan yFreddie Kingcomo se evidencia en su sentido solo apareado con la armónica de Raphael.
Sin salirnos del género de los ocho compases, la vena negra aflora en los riffs y cuerdas vocales del forajido Stapleton en Outlaw State Of Mind, mientras confiesa en Sometimes I Cry que a veces llora
añorando el amor perdido.
Parachute (¡Qué casualidad!, también mención al whisky) se descolla como uno de los cortes más potentes del disco. Retumba la base rítmica de Mixon y Cure con buenas guitas de Cobb y la mandolina de un aullador paracaidista.
Podríamos jurar que se trata de un grupo heavy al escuchar las rítmicas con fuerza de Might As Well Get Stoned y la voz recia de Stapleton que una vez que la mujer le ha puesto de patitas en la calle su única amiga es la botella, así que según le vamos conociendo toma una decisión lógica: “Ya puestos, mejor me emborracho”.
Remanso campero
Hemos reseñado la garra que imprime a sus canciones, pero sin perder un ápice su personalidad da buena cuenta en el Lp de remansos puramente camperos.
De esta forma, Fire Away es una delicia para los oídos pese a su historia trágica y la lista de supremas baladas country se completa con More Of You, más que delicada la mandolina, When The Stars Come Out y Daddy Doesn't Pray Anymore, dedicada a su padre, fallecido dos años antes.
Directo al estrellato
El reconocimiento masivo a Traveller fue el comienzo de una estelar carrera que continuó con los dos volúmenes de From A Room (2017), Starting Over en 2020 y Higher en 2023, año en el que actuó durante el descanso de la Super Bowl.
Colaboraciones con Taylor Swift, Sheryl Crow, Vince Gill, el indisociable guitarrista de Tom Petty, Mike Campbell, o Ed Sheeran, entre muchos, han engrandecido su figura que se antoja muy difícil de apagarse. Sobrio o no, rendimos admiración a este adorable barbudo.
¿Quién inventó el country rock?. Para el que suscribe, sin duda, Gram Parsons. Ya apuntaba maneras en su primer grupo, International Submarine Band, se graduó con Byrds en Sweetheart Of The Rodeo y se consagró con los Flying Burrito Bros.
Espíritu libre y proclive a los excesosIngram Cecil Connor III, verdadero nombre de Parsons, nunca aguantó demasiado tiempo en el mismo nido y apenas grabó dos discos con los Burrito, convertidos en referencia y liturgia para la legión de posteriores artistas que también han buscado la simbiosis perfecta entre el rock y las raíces camperas americanas.
¡Qué cara de tont@ se te pone cuando eres eres la última persona en enterarte de que tu pareja te va a dejar porque es otra persona la que le enciende el alma!
Así nos lo cuenta Del Amitri en Always The Last To Know, uno de los muchos temas con los que esta banda escocesa nos embauca en una soberbia conjugación electro-acústica de folk, country y rock nuevaolero, unida a letras inteligentes.
Los Secretos son el grupo español de pop-rock tanto de mayor recorrido como de reconocimiento masivo que empezó a finales de los 70 con el nombre de Tos, tuvo su primer gran impacto con Déjame y continúa hasta nuestros días sin haber perdido una pizca el afecto de la afición.
Esa longevidad de estos madrileños de Argüelles tiene el mérito añadido de haber conservado su estilo propio y una coherente evolución para encarnar la mejor referencia del country-rock nacional, pese a que la tragedia les golpeó repetidamente con la muerte de varios de sus miembros.
La sombra de Van Morrison es muy alargada. El huraño genio de Belfast no asistió a la ceremonia en 1993 de su inducción en el Salón de la Fama del R&R de Cleveland (en eso se anticipó a Dylan) y para rellenar su ausencia invitaron a tocar a un entonces desconocido grupo de la bahía de San Francisco, Counting Crows.
Su primer álbum, August And Everything After, acababa de salir al mercado sin mayor repercusión, pero de repente por ese concierto se fijaron en ellos las FM y eso desembocó en una exposición masiva en la MTV.
Antonio Vega siempre será reconocido por haber compuesto Chica de ayer, el eterno himno de la 'Movida', pero tras regalarnos con Nacha Popun abundante ramillete de memorables canciones asumió el arriesgado reto de reinventarse en solitario, y lo hizo nuevamente con nota.
Publicado en 1991, No me iré mañana supone otro impagable obsequio de soberbias canciones que reflejan el intimismo de 'ese chico triste y solitario': letras lúcidamente engarzadas unido a su innato talento para crear un mosaico musical que bascula entre el potente legado de los Nacha y episodios de su laberíntico universo interior.