Absolutamente repulsivo. Sin pizca de buen gusto. De eso están hechos los malos mitos”. O bien: “Fascinante regreso a las raíces del rock & roll. Disco del año, poetas rockeros del año”.

Amor u odio. La crítica mundial no permaneció indiferente a la publicación del primer disco de los Ramones, el 23 de abril de 1976, y eso que el grupo no era entonces más que un secreto reducido a unos centenares de neoyorquinos habituales de un bar llamado CBGB, que luego se convertiría en leyenda impresa en camisetas.

 El sonido crdo, enérgico y acelerado no lo inventaron ellos, y el término punk tampoco. Iggy, MC5, los New York Dolls o años antes las bandas norteamericanas de garaje habían explorado ya esos caminos. Pero los Ramones lo llevaron a otro nivel de sencillez instrumental y lírica y de velocidad.

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La reacción 

La revista Rolling Stone, que en 2022 eligió ‘Ramones’ como el mejor álbum de debut de la historia, dispensó ya en 1976 un generoso recibimiento a los cuatro cretinos del barrio de Queens.

Su música maldita —14 canciones de rock & roll que explotan como bombas de relojería en el espacio de 29 minutos vertiginosos y producidas con un presupuesto de 6.400 dólares— se comparara con la puesta en escena de ‘El beso mortal’, de Robert Aldrich, o ‘Bajos fondos’, de Samuel Fuller”, señalaba la reseña.

“… Esperemos que estos tipos vendan más discos que lo que Elton John tiene en monedas. Si no, que le disparen al pianista. Y que echen a Paul McCartney también”, concluía Rolling Stone.

Al otro lado del espectro destaca una crítica aparecida en Melody Maker, firmada por un tal Steven Patrick Morrissey -ya saben, unos años después líder de The Smiths, icono de la música independiente y aficionado a suspender conciertos-.

Los Ramones son la última banda pretenciosa de degenerados sin talento”...“su regla es ser lo más incompetentes posible”… “no tienen absolutamente nada que aportar”… “y deberían ser archivados y olvidados”, afirmaba Morrisey en una carta a la publicación británica. Curiosamente, Morrisey era entonces un devoto fan de los New York Dolls, a su vez referente crucial en la puesta en marcha y el sonido de los Ramones.

No hay referencias sobre la publicación del disco en la prensa española, sumido el país aquellos días en los primeros pasos de la transición y huérfano de publicaciones musicales.

Sin embargo, meses después, el advenimiento del punk británico, inspirado por la hermandad ramoniana pero con diferencias estéticas e ideológicas notables, desencadenaría viscerales tomas de posición entre partidarios y adversarios en revistas especializadas como Vibraciones, que alcanzaron a la prensa generalista, interesada por lo colorido y aparatoso del movimiento.

El canon ramoniano

En aquel primer disco los Ramones definieron su canon y, aunque con el tiempo rebajaron su aspereza, adornaron su sonido y se hicieron accesibles para oídos menos entrenados, allí estaba prácticamente todo lo que vino después:

El himno simple y chirriante que abría el disco, seguramente su canción bandera para la eternidad (‘Blitzkrieg Bop’);

el ataque salvaje, en sonido y mensaje, de ‘Beat on The Brat’; la historia desquiciada con toque autorreferencial (‘Judy is a Punk); o el molde de sus baladas de sencilla y exquisita ternura (‘I Wanna Be Your Boyfriend’), deudoras directas de The Ronnettes, por más que en 1976 fuera difícil de creer.

También estaban las canciones con una sola frase, a menudo acogidas como genialidades irreverentes: “ahora voy a esnifar pegamento/ahora voy a tener algo que hacer” (‘Now I Wanna Sniff Some Glue’); no quiero pasear contigo/¿por qué quieres tú pasear conmigo? (I Don’t Wanna Walk Around With You’); o las versiones simples y aceleradas de clásicos de los sesenta-’Let’s Dance’-, imitadas sin descanso por muchos desde entonces.

Y así hasta sumar los catorce temas del álbum, rematados con ‘Today Your Love. Tomorrow The World’, en la que Sire, la compañía de discos, les obligó a cambiar en la letra "Soy un nazi, nena" por "Soy un soldado de asalto en estado de estupor".

Año cero del punk

El disco fue producido por Tommy Ramone, batería en los dos primeros álbumes y también encargado de poner orden en un grupo que solo tenía en común la pasión por la música, el voraz deseo de éxito -con Johnny como protagonista destacado- y la personalidad inadaptada de sus miembros.

Para lograr el sonido se grabaron en un canal la batería de Tommy y el bajo de Dee Dee, en el otro la guitarra de Johnny y, repartida entre los dos canales, la voz de Joey. La limitada competencia instrumental de los miembros del grupo y su contumaz uso de solo unos pocos acordes ayudó a completar la agresión sonora que se desencadena al posar la aguja sobre el vinilo.

Un impacto que cambió para siempre la historia del rock and roll, sobre todo por el mensaje universal que trasladó: cualquiera puede hacerlo si quiere. No hace falta ser un intelectual o un virtuoso tocando, para hacer música solo hace falta creatividad, ideas y emoción.

La portada del disco estableció la imagen de los Ramones: tejanos, camisetas, cazadora de cuero y zapatillas deportivas, con melena y flequillo sobre los ojos, una pandilla perfecta de dibujos animados. Y los cuatro posando contra una pared de ladrillo, una estampa que, con alguna variación, han repetido después cientos de grupos.

En el momento de su lanzamiento, ‘Ramones’ solo alcanzó el puesto 111 en las listas de éxito americanas y hubo que esperar 38 años para que alcanzara las 500.000 unidades que certifican el disco de oro (2014).

Pero la mecha ya estaba encendida y poco después, cuando los Ramones visitaron Londres por primera vez en julio, fueron recibidos por una revolución de imperdibles, pelos de colores y camisetas pintadas con spray, que se inspiraron en su sonido y en su ritmo frenético para empezar a lanzar, solo unos meses más tarde, sus rabiosas proclamas contra el sistema.