Suena exagerado, pero en la primera mitad de los sesenta y en Londres ser "mod" iba más allá de pertenecer a una tribu urbana. Era un estilo de vida. 

 

Chicas y chicos, muchas veces adolescentes, que se habían marchado de la casa de sus padres y que habían convertido la música y la ropa en el centro de sus vidas. Bueno. Y las scooters.  Los que marcaban estilo y estaban siempre en la vanguardia estilística eran los "faces". El resto se quedaban en "tickets".

La vida no daba respiro a los "mods", auténticos apóstoles del "carpe diem". 

Por la mañana curro para poder comprarse ropa, accesorios para la vespa y discos. A mediodía "rave" para reparar las neuronas alienadas por la jornada laboral. Luego más curro. Y compras. Y más "rave". Por suerte, las anfetaminas se recetaban entonces como ahora el paracetamol. 

Los Small Faces fueron durante un tiempo los príncipes de aquella escena. El cuarteto lo tenía todo: imagen, talento, canciones y un vocalista, Steve Marriot, que podía rivalizar sin desmerecer con las voces negras que idolatraba. 

Tuvieron varios éxitos, pero "All or Nothing" (1965) fue el único de sus singles en alcanzar el número uno. Se especula si la canción está escrita pensando en una prometida con la que Marriot rompió o en su primera mujer (carpe diem in love too). 

Frente al ritmo bailable y el componete "soulero" de muchas de sus composiciones o al tono pop de otras,  "All or Nothing", cooescrita por Marriot y Ronnie Lane, suena como un himno, un clásico de rock instantáneo. Una salva de batería gentileza de Kenney Jones abre  las hostilidades, que estallan definitivamente en ese estribillo punteado por la arrebatada voz de Marriot gritando una disyuntiva rotunda y universal: todo o nada.

¿Quién quiere las grises medias tintas?. Desde luego no un "mod" en 1965.